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Tres generaciones ofreciendo delicias del Mar a los porteños | El Noticiero de Manzanillo
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Tres generaciones ofreciendo delicias del Mar a los porteños | El Noticiero de Manzanillo

Cuando se impuso veda permanente a la caguama, tuvieron que renovarse o morir

En el año de 1947, Don Carlos Dávalos Andrade, mejor conocido como El Tacuache, al lado de su esposa María del Rosario, decidió sacarle provecho a su reconocida fama de preparar el mejor guisado de caguama de la región y empezó a usufructuar este don y sazón culinario, al abrir un puesto en la playa de Santiago, junto al Hotel Anita.

LOS PRIMEROS DIFÍCILES AÑOS EN SANTIAGO

Ahí duró unos años, acaparando la atención de los bañistas, pues Manzanillo por entonces empezaba a cobrar auge como destino turístico emergente, desbancando al que por años fuera el balneario más popular de Colima, que era anteriormente Cuyutlán.

Ahí duró unos años, con un éxito en aumento permanente, vendiendo el sabroso guiso de caguama que a todos conquistaba, muchas veces imitado pero nunca igualado, por su receta secreta, propiedad de la familia y guardada con mucho celo.

NUEVOS COMIENZOS EN EL MERCADO REFORMA Y EL DOMICILIO ACTUAL

La clientela era mucha, pero principalmente los fines de semana, ya que los restantes días la asistencia a la playa era escasa, y entonces las ventas bajaban, tanto que en ocasiones, para no hacer un gasto innecesario, solamente se salía a vender los sábados y domingos o en fechas especiales de asueto o temporada vacacional.

Es así que consideran como un sitio apropiado para vender más durante toda la semana el cambiarse a un puesto que les ofrecieron en el mercado Reforma en el centro de Manzanillo, razón por la que inicios de los años cincuenta se mueven hacia este lugar, donde las ventas aumentan radicalmente, así como los clientes, con sus paladares conquistados por los quelonios preparados en aquel rico estofado tan sui generis.

Para los años sesenta nuevamente el local se reubica hacia la parte nueva de la ciudad que se ha ido rellenando, cerca a la nueva gran colonia urbana que es la naciente Unidad Padre Hidalgo, nacido en el año de 1960, donde habitan muchas familias, clientes potenciales.

Un modesto puesto callejero con 75 años de historia.

Dos hijos del señor Carlos Dávalos, iniciador del negocio, continúan con la atención de la venta al público, que fueron Salvador y Juan Manuel Dávalos Campos, atendiendo en la esquina de las calles México y Pedro Núñez. Al poco tiempo se les une en la atención al público su sobrino Jesús Esteban Padilla Dávalos, actual propietario del negocio, quien hereda el apodo de El Tacua, tal como se llama este negocio que funciona en un puesto callejero sencillo, tal como hizo desde un principio.

Como desde un principio, el guiso principal fue siempre la caguama, receta especial y secreta de la familia Dávalos, la cual era famosa y buscada por todos los porteños, incluso muchos turistas nacionales ya venían buscándola, porque aquello se recomendaba de boca por amistades y familiares, como sucede siempre con los grandes platillos populares.

UN NUEVO COMIENZO

Allá por el año de 1990 vino un golpe inesperado a su modo de ganarse la vida, cuando el gobierno decreto la veda total de la comercialización de la carne de toda clase de tortugas o quelonios, como es el caso de la famosa caguama tan degustada y preferida por los manzanillenses. Entre 1950 y 1970 se dio a conocer la caza indiscriminada de este reptil marino, tanto que su número bajo ostensiblemente, hasta ponerse en riesgo a la especie, lo que llevó a tomar esta medida desesperada por preservarlas.

La familia Dávalos se vio en la disyuntiva de renovarse o morir. Ya no podrían seguir vendiendo su recepta estrella o principal que tantos clientes les reportaba. Aunque también vendían ceviche, no era lo mismo; el puesto de El Tacua era buscado por su venta de caguama preparada. Jesús Esteban quedó al frente del negocio en el peor momento, pues tuvieron que cambiar a hacer salpicón de pescado con la misma receta que se utilizaba para la caguama, pero muchos clientes no aceptaron eso, y las ventas bajaron tanto, que temieron poder quebrar.

LA TRADICIÓN CONTINÚA

Es así que decidieron seguir introduciendo nuevos guisos, y empezaron a vender los tacos de aleta de atún preparada, la huevada, así como guisos de camarón y los tradicionales cocteles de diferentes moluscos y otros productos del mar, así como el ceviche que ya vendían anteriormente. Poco a poco, el sazón que siempre los ha caracterizado, aunado a las nuevas recetas que ofrecían, hizo que el público consumidor empezara a retornar y que las ventas subieron permitiéndoles tomar un respiro.

Finalmente, tras mucho esfuerzo, las finanzas se equilibraron, y el negocio pudo continuar su marcha, como hasta ahora. Reconoció que en Manzanillo sí se ha dado sobreexplotación de algunos productos comestibles del mar, tanto que actualmente todo el marisco del que se surten es traído de afuera, ya que en Manzanillo casi no se consiguen variedades importantes de éste, a diferencia del pescado, que ese sí, se compra aquí mismo en Manzanillo.

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